lunes, 28 de mayo de 2012

El Puente de los Perros Suicidas


Una de las historias más bizarras sobre las que trabajé e investigué de manera profesional ha sido sin duda la de un puente en Escocia del cual se lanzaban los perros y morían. Un documental del Canal 5 del Reino Unido lo bautizó como “Suicide Dog Bridge”, o sea, el puente de perros suicidas.
Cuando fue anotado en el pizarrón de los temas a investigar y a preparar para una posible filmación que se transmitiría como parte de un programa de esoterismo en Japón (conducido por un travesti cuya cabellera estaba teñida de rubio y era respetado por su gran nivel intelectual), puse esa expresión de cuando no sé si reírme o tomarme en serio las cosas que me están diciendo.
Tuve que llamar a una congregación religiosa que tenía su sede justo al lado del puente de donde misteriosamente saltaban los perros. Me sorprendió la seriedad con la que me respondió el hombre que había sido designado como vocero y cómo se tomó su tiempo para contestar una serie de preguntas que se me habían asignado por parte del equipo de producción desde Japón, con base en las cuales decidirían si viajar a Escocia o mandarnos a nosotros a filmar ciertas escenas que insertarían en una cápsula sobre episodios misteriosos en el extranjero.
Recuerdo que además de las respuestas del reverendo, enviamos una copia del documental del Canal 5 y una serie de artículos periodísticos que habían sido publicados años atrás, con entrevistas con dueños de perros que se “habían suicidado”.
Con base en toda esa información, los japoneses decidieron viajar a Overtoun Bridge (así se llamaba el famoso puente “mata perros”) acompañados de Natsuko, quien fue designada productora de dicha producción y Bruno, un conductor simpático y risueño (que decía hablar algo de castellano por haber vivido un par de meses en España) de origen sudafricano e israelí.
Para mí, el puente de los perros suicidas se convirtió en una anécdota que utilizaba cuando quería hacer reír a amigos con alguna historia rara y curiosa. A uno en particular le fascinaba que le contara la historia una y otra vez, porque odiaba a los perros que le ladraban mientras corría en los parques.
“Dime exactamente dónde es para que me lleve a todos los perros que me ladran al verme correr”, me decía.
En realidad nunca me tomé en serio ni esa ni otras historias del mismo estilo. Por ejemplo, la de una silla que supuestamente estaba en un pub en el norte de Inglaterra. La leyenda decía que tenía una maldición y si te sentabas en ella, morías en los próximos cinco días.
Hoy está en un museo de un pequeño pueblo y está colgada del techo para que nadie descanse en ella.
Para ese tema, llamé como a 30 pubs para investigar si conocían a algún descendiente de  las personas que supuestamente habían muerto por sentarse en ella.
Lo que me sorprendía siempre al investigar sobre estos temas, era que podías encontrar documentos antiguos sobre estas leyendas. Era una de las cosas típicas de los ingleses. Archivaban todo y tenían hasta muestras de semillas de trigo utilizadas en la primera guerra mundial guardadas en latas de leche en polvo de la época.
Historias como las del puente de los perros suicidas y la silla maldita fascinaban a los japoneses, pues ellos mismos tienen un sinfín de historias de terror y de misterios. (Sólo así se puede explicar que el programa que era conducido por el travesti rubio hubiera durado ya unos cinco años al aire.)
No tengo idea si los perros se siguen suicidando en el Overtoun Bridge o no.
Tan solo me gusta recordar el tipo de historias sobre las que investigaba mientras trabajaba en Londres, cuando de pronto me tomo la vida demasiado en serio.

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sábado, 7 de abril de 2012

Lost in translarion (European version)

Para mí, correr es el momento ideal para pensar en cosas que quedaron pendientes, en cosas que mientras trabajas te parecen intrascendentes o simplemente en nada. Casi siempre prefiero la tercera opción.
Cuando logro no pensar en nada, corro mayores distancias. Cuando la mente está acelerada y se complica desconectar, suelo escoger partidos de fútbol o programas sobre corredores de maratones en ESPN para relajarme y no seguir pensando en la llamada que no me contestaron o en la nota que no pude acabar de redactar porque no me pasaron el documento que me habían prometido mis fuentes.

Aquella vez llegué pasadas las siete de la noche al gimnasio y tanto las escaladoras como las caminadoras frente a los canales deportivos estaban ocupadas. Así que escogí la que estaba vacía, sin pensar en nada más que descargar un poco la tensión que se me había acumulado por un largo día de trabajo.

Al comenzar a caminar para calentar, me di cuenta de que estaba frente a un canal de películas y estaban transmitiendo "Lost in translation" de Sofía Coppola. La primera vez que vi la película, no me gustó nada. Me la pasé traduciéndole a un ex novio con quién la vi, las partes en japonés que no estaban subtituladas.

Después, la volví a ver en algún viaje largo en avión y me pareció una película bastante buena.

Esta era la tercera vez que la vería, y aunque ya estaba empezada y seguramente terminaría de correr antes de que la película llegara a su fin, centré mi atención en la trama, que no escuchaba, porque corría al ritmo de la música de mi iPod vieja.

Al ver algunas escenas en las que Bill Murray filmaba comerciales del whiskey Suntory, no pude evitar recordar mis días en Londres, en los que trabajaba en la producción de documentales y programas de entretenimiento para canales de televisión japoneses.

Mientras corría, algún corredor que tenía sus audífonos puestos me volteaba a ver extrañado ante mis carcajadas. No podía evitar reír ante las situaciones absurdas que mostraba la película y de la cuales yo misma fui víctima en repetidas ocasiones.

En la película hay una escena en la que el director del comercial le pide a Murray que sea "más intenso" en sus expresiones. Murray no entendía a que se refería e intentaba hacer lo que para él eran expresiones "intensas". Para la traductora que también era japonesa, era lógico lo que el director quería decir con "intenso", por lo que tampoco le sabía explicar exactamente qué es lo que se esperaba de él.

Inevitablemente pensé en esos choques culturales que no en pocas ocasiones se presentaron en las filmaciones que me había tocado coordinar.

Recuerdo que por allá del 2008, estábamos en un pequeño poblado como a una hora y media de Amsterdam, grabando un programa para niños sobre un deporte holandés que consiste en saltar con varas largas de madera y pasar de un lado a otro de los canales. Claramente es un deporte que sólo se practica en Holanda y el director había decidido que los conductores del programa - unos comediantes medianamente famosos - intentaran competir en uno de sus campeonatos regionales como parte del show.

Fueron días larguísimo de filmación, sobre todo porque ya era verano y el sol se ocultaba como hasta las 20:30. Comenzábamos a eso de las 5:00 de la mañana y apenas y parábamos a comer algo. Casi a diario, volvíamos al hotel pasadas las 22:00.

El problema surgió cuando el chofer que se encargaba de trasladar a todo el equipo decidió que no quería seguir con jornadas tan largas. Decía que no estaba dispuesto a manejar cansado. Un choque claro de culturas. Para los japoneses era lógico trabajar mientras el sol se los permitiera y no entendían cuál era el problema si le tarifa del conductor era por hora. Si trabajaba 15 horas, se le pagarían las 15. Para el holandés, era casi una violación a sus derechos laborales. Cuando amenazó con irse con la camioneta sin todos nosotros, tuve que acercarme a explicarle al director que en Europa, era importante intentar mantenerse dentro de las 8 horas de trabajo y que el chofer estaba apunto de dejarnos botados en medio de la nada si no nos íbamos ya. Afortunadamente el director entendió la situación y me pidió que le diera una hora más y nos podíamos retirar un par de horas antes de lo previsto.

En su momento, casi lloro de la impotencia de no poder hacer nada contra un holandés que había decidido tomar el control de cuándo empezar y cuándo terminar las filmaciones de los japoneses. Yo estaba en medio de dos culturas: la japonesa y la holandesa, e intentaba conciliarlas sin ser europea y sin haber convivido con los japoneses en los últimos 15 años de mi vida.

Ahora, mientras corría y veía esas escenas de los japoneses sufriendo porque Murray no entendía a qué se referían cuando le decían que fuera más "intenso", no podía dejar de reír. Después me puse a pensar cómo fue que habíamos logrado sacar adelante tantos rodajes con británicos, españoles, franceses, finalndeses, entre otras nacionalidades con culturas muy distintas a los japoneses. (Cada uno tuvo sus pequeños puntos de tensión.)

No hay nada como recordar las dificultades que tuvimos que enfrentar en un momento dado y poder reírnos a la distancia. Por lo menos, en la media hora en la que estuve corriendo, pude ver las cosas en perspectiva y relajarme más que de costumbre ante las pequeñas dificultades que ahora tengo que enfrentar viviendo en México :)


*Equipo de filmación japonés que coordiné en Holanda

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jueves, 23 de junio de 2011

A unos días del año

Para el miércoles 23 de junio, mi habitación al norte de Londres lucía vacía. Únicamente había conservado un cobertor para verano y las tres almohadas sin fundas. La mayoría de los cajones ya no tenían nada dentro y la poca ropa que conservé, estaba doblada y acomodada en alguna de las dos maletas. Fue, por primera vez en cuatro años, un verano cálido y sofocante.

Podía dormir con las ventanas abiertas y sólo cuando los vecinos regresaban muy tomados y cantaban a todo volumen o comenzaban a patear latas de cerveza o a romper botellas de vidrio, decidía cerrar la ventana para poder dormir las pocas horas sin luz, pues a las cuatro de la mañana, el sol me obligaba a abrir los ojos y salir de la cama empapada en sudor.

La decisión de dejar Londres la había tomado desde inicios de marzo. No veía futuro en el trabajo en el que había estado por tres años y ninguna solicitud de empleo había sido respondida. Aún así entregué mi renuncia el 15 de marzo. Le di dos meses más a la vida y a mi suerte y ante la falta de respuesta, en mayo compré el boleto de vuelta a la Ciudad de México con fecha de llegada para el 25 de junio.

No fue sino unos días antes de mi partida, cuando fui con Zoi - mi compañera de piso - a Hampstead Heath a tomar el sol y a charlar, que me di cuenta de lo que estaba dejando atrás. Amigos, espacios, sensaciones, lugares, recuerdos. Aún así, no había marcha atrás. Había aceptado una oferta de trabajo en México que sonaba mucho más prometedora que mi labor de productora en una empresa de ocho personas sin ninguna posibilidad de trascender de alguna manera.

Los primeros nueve meses en el DF, me sentí fuera de lugar todos los días. Despertaba y veía colgado en mi pared un póster con la foto del Parlamento británico y suspiraba o se me corrían las lágrimas. Sentía que la Hanako que había construido a punta de vivencias y experiencias en Londres estaba en riesgo de desaparecer por vivir en una ciudad a la que no acababa de entender y por los códigos de convivencia que había dejado guardados en un cajón cuya llave no lograba encontrar.

Extrañaba - y aún extraño, para ser sincera - los parques londinenses a los que me iba los fines de semana o incluso entre semana cuando salía temprano de trabajar. Recuerdo que me acostaba en el césped y me ponía a ver el cielo de verano y eso era suficiente para recargarme de buenas energías y ganas de seguir luchando por mantener una vida por la que había trabajado durante los últimos años. En invierno, me refugiaba en casa de los amigos o compraba boletos baratos de avión y me escapaba a Portugal, España o Turquía, sola o con compañía.

Tomaba mucho te negro sin que eso me causara dolores de estómago y disfrutaba ver a mis compañeras cocinar pasteles de ciruelas o plátano. Los domingos, casi siempre bajaba a la tienda de abarrotes atendida por un señor pakistaní que siempre me preguntaba mi nombre, a comprar The Observer y dedicaba mis tardes únicamente a leer periódicos o libros en inglés o español. Me iba caminando a cualquier sitio que estuviera a menos de media hora. Era capaz de percibir detalles minúsculos en la vida diaria que aún me sorprenden al leerlos en mis notas.

Los primeros nueve meses en el DF, me la pasé prácticamente recluida en mi misma, con pocos amigos a los que les confiaba lo que realmente sentía. Pocos comprendían por lo que pasaba, y por ello, fueron cada vez menos a los que me acercaba en mis momentos de nostalgia. Prefería, entonces, leer mis notas, o escuchar música que me transportara aunque fuera unos minutos a los recuerdos que cada vez son menos palpables.

Pero como dice el dicho popular que a mi madre le encanta repetir: "el tiempo lo cura todo". Aún me siento un poco perdida en esta caótica ciudad y todavía hay días en los que me gusta estar sola y decir no a todas las invitaciones pese a que en realidad no tengo nada que hacer más que estar conmigo. Poco a poco me he logrado sentir más reconciliada con los rincones que había dejado de frecuentar por mi prolongada ausencia.

Definitivamente, la Hanako de Londres aquí no existe ni puede existir. Existe una diferente, con otras vivencias y otras necesidades.

Los días pasan y cada vez pienso menos en la capital británica con todos sus olores, ruidos, colores y climas lluviosos. Pero aún mantengo la esperanza de algún día regresar para redescubrir a esa Hana que no ha podido salir en un año.

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jueves, 28 de abril de 2011

Londres: cada vez más impagable

Photo by: Kaddy64

(CNNMéxico) — Mientras la familia real británica -y el resto del mundo-, cuentan los días para la boda de Kate Middleton y el príncipe Guillermo, y los medios internacionales especulan sobre el vestido de la futura princesa, millones de británicos se preparan para enfrentar las consecuencias de uno de los recortes presupuestales de mayor impacto desde la Segunda Guerra Mundial.

El pasado 23 de marzo, el ministro de Finanzas, George Osborne, informó ante el Parlamento que en el presupuesto 2011-2015 se realizarían recortes por un monto equivalente a 81,000 millones de libras (128,000 de dólares). A la par, se anunció el aumento de impuestos como el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que pasará de 17.5% al 20%, así como el Impuesto Sobre la Renta (que aumentará 5%) y las contribuciones a la seguridad social (2% más).

Osborne detalló que el presupuesto destinado al bienestar social sufriría un recorte de 18,000 millones de libras esterlinas (29,000 millones de dólares) para disminuir la deuda pública que este año alcanzaría 122,000 millones de libras.

Tres días después del anuncio, cerca de 400,000 personas salieron a las calles del centro de la capital a protestar por las medidas, en una de las marchas más nutridas desde el 2003, cuando se manifestaron contra la adhesión del Reino Unido a la invasión de Iraq.

Los recortes anunciados son parte de una serie de políticas económicas con miras a disminuir la deuda pública que actualmente representa el 60% de la producción nacional. 

Si bien la deuda no alcanza los niveles posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando rebasó 200% del PIB, los recortes anunciados son equivalentes a los que se tuvieron que realizar en aquella época.

Dados los niveles de deuda pública, el Fondo Monetario Internacional anunció a mediados de abril que vigilaría de cerca las financias públicas británicas para ver si las soluciones propuestas por Osborne son las adecuadas para superar la crisis.

Las viviendas de Londres, incosteables

Estimaciones de consultoras internacionales y de expertos en política fiscal señalan que las familias que viven en la capital serán de las más afectadas en todo el país por estas medidas.

Esto podría traer como consecuencia el fin de la mezcla de ricos y pobres, una de las características de los barrios londinenses.

El alcalde londineses, Boris Johnson, ha calificado a las medidas gubernamentales como una "limpieza social estilo Kosovo".

82,000 familias podrían verse obligadas a salir de sus hogares en Londres, pues sus rentas se volverán impagables, según 
London Councils, una agrupación de autoridades locales de la capital británica.

Para el 2011 también se espera que la construcción de viviendas de interés social en esta ciudad disminuya hasta en un 52%, al pasar de 10,356 a 4,990. Esto no sólo reducirá el número de casas nuevas, sino también implicará la pérdida de aproximadamente 200,000 empleos, según estimaciones del diario británico The Guardian.

“Esta reducción profundizará la crisis, provocando que más personas se queden sin casa y los obligarán a dejar la capital”, explicó London Councils en un comunicado emitido a finales del año pasado.

El Reino Unido no ha logrado solventar plenamente la crisis financiera y económica a la que entró en el 2007. Si bien el empleo ha comenzado a recuperarse, la Oficina Nacional de Estadísticas reportó que en el periodo de febrero-marzo del 2011 se registró un leve aumento en el número de personas que solicitaron la pensión de desempleo. Actualmente hay 1.45 millones de británicos que viven de dichas pensiones.

La tasa de desempleo que en el 2007 era de alrededor de 4.7%, empezó a aumentar dramáticamente a mediados del 2008 hasta alcanzar el 8% a mediados del año pasado. En febrero del 2011, 7.8% de la población económicamente activa continuaba sin trabajo.

Hasta marzo del 2011, los británicos con ingresos anuales menores a las 16,000 libras (poco más de 26,000 dólares) tenían derecho a solicitar apoyo gubernamental para la renta de una casa o un departamento. El monto de la ayuda se calculaba caso por caso.

A partir de abril, los pagos se redujeron a 250 libras (más de 410 dólares) semanales para un apartamento de una habitación y 400 libras (casi 660 dólares) para una casa de cuatro habitaciones.

Para una familia de dos adultos y dos niños, que decida alquilar unflat (departamento) de por lo menos dos habitaciones, su lugar de residencia difícilmente podría estar en las zonas 1 y 2, que son las más cercanas al centro de Londres y que a la vez tiene las rentas más elevadas de toda la ciudad.

Dependiendo de qué tan cerca se esté del centro, las rentas van desde unas 250 libras a la semana, hasta unas 900 (casi 1,500 dólares) semanales en un departamento de dos habitaciones.

Por ello, London Councils estima que unas 200,000 personas se verían obligadas a abandonar lo barrios más céntricos para vivir a las orillas de la ciudad e incluso en los suburbios.

Hasta ahora, Londres tiene viviendas de interés social en toda la ciudad, incluso en las zonas que son consideradas como exclusivas.

En los céntricos y lujosos barrios como South Kensigton, Camden Town y Nottinghill, se pueden ver al lado de grandes casas, edificios con vecindades que albergan a personas de menores ingresos.

Los pobres, los más afectados

El Instituto de Estudios Fiscales (IFS por sus siglas en inglés), uno de losthink tanks económicos más importantes del Reino Unido, estima que la población más pobre de Londres, que ha dependido de los subsidios gubernamentales para poder vivir en una de las capitales más caras del mundo, será la más afectada por los recortes presupuestales.

En un documento titulado: El impacto de los impuestos y los cambios en los beneficios anunciados en el presupuesto 2011 y antes, en las familias de Londres, el economista James Browne concluye que si bien las familias más adineradas son las que nominalmente pagarán más impuestos, los pobres son los que mayores limitaciones sufrirán.

Las madres y padres solteros y las parejas con hijos dispondrán de menos dinero, por el aumento en los impuestos y la disminución en los beneficios que el gobierno otorgaba dependiendo del número de hijos.

“Alrededor de medio millón de familias perderán un promedio de 436 libras (alrededor de 720 dólares) al año en apoyos por el cuidado de niños que se recortarán a partir de abril”, detalló la Fundación Resolución, un think tank británico independiente, en un estudio elaborado a finales del 2010 con base en los adelantos del presupuesto que dio a conocer Osborne en ese entonces.

“En Londres, donde las ayudas para el cuidado de niños eran más elevadas, unas 50,000 familias perderán un promedio 600 libras (casi 1,000 dólares)”.

Este tipo de medidas podría convertir a Londres en una ciudad habitada por personas adineradas que serán las pocas que puedan costear las rentas elevadas y un modo de vida poco accesible para muchos.

Nota: Este texto fue publicado en mexico.cnn.com 

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viernes, 25 de marzo de 2011

La crisis financiera en el Reino Unido

La coyuntura diaria en México me deja, casi siempre, sin tiempo de leer y enterarme como quisiera del acontecer británico.

En días pasados, el gobierno conservador de David Cameron - en alianza con los liberales demócratas de Clegg - anunció recortes presupuestarios no vistos en más de cinco décadas.

Este video ilustra bien cómo están las cosas por allá.

http://www.guardian.co.uk/society/video/2011/mar/24/cuts-both-ways-alternatives

Este gráfico explica a detalle, cuáles son las consecuencias de los recortes (como siempre, los más pobres serán los más afectados...)

http://www.guardian.co.uk/uk/interactive/2011/mar/24/budget-2011-how-it-affects-you

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jueves, 26 de agosto de 2010

Promesas incumplidas...

He estado tentada a cerrar este blog, cambiarle el nombre, borrar todas las entradas e iniciar de nuevo.

El cambio de ciudad y el regreso al país en el que nací, me han hecho pensar que debería de clausurar un espacio que me ayudó a publicar las reflexiones que pasaban por mi mente mientras vivía en Londres.

Aunque me prometí contar las historias que me tocó atestiguar durante mi estancia en tierras británicas, lo cierto es que no alcancé a redactarlas en su totalidad. Aún tengo un puñado de cosas que contar. Están apuntadas en mis libretas y en mis cuadernos de viaje en espera de ser publicadas en este espacio con audiencias reducidas.

Anoto esta explicación por si alguien pasa por este blog y se pregunta por qué se sigue llamando igual y sigue sólo contando historias relacionadas con el Reino Unido.

Buscaré cumplir con las promesas que me hice de contar historias como extranjera y observadora de una cultura que no es la mía.

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sábado, 7 de agosto de 2010

El largo y difícil camino de vuelta a casa





Los últimos tres meses de mi estancia en Londres, visité una vez por semana uno de los Centros de Detención de Inmigrantes. Mis visitas las llevé a cabo como parte de un voluntariado que realicé con una organización civil que le da apoyo emocional a los inmigrantes que están detenidos en una especie de cárceles. He aquí una pequeña crónica de mis visitas a alguien que conocí bajo el nombre de Ahmet.

El largo y difícil camino de vuelta a casa

Por Hanako Taniguchi Ponciano

Entrar ilegalmente a un país tiene sus complicaciones. Pero salir de él, aún con una orden de deportación, tampoco es tan fácil como parece. El caso de Ahmet es un ejemplo claro.

Ahmet, el persa albino

Por primera vez en mucho tiempo, Ahmet quiere volver a casa. Pero su nacionalidad se lo impide. Desde hace más de tres meses tiene en su mano una orden de deportación que en teoría lo obligaría salir inmediatamente del Reino Unido. Sin embargo, sigue encerrado en el Centro de Detención de Inmigrantes de Colnbrook, ubicado al oeste de Londres. Los roces diplomáticos entre Irán y el Reino Unido han imposibilitado su regreso. 

Ahmet es un iraní de 31 años y a diferencia de la mayoría de los persas, es rubio, de piel blanca – casi transparente – con ojos claros. Es albino. 

Hablamos por primera vez una noche de marzo en uno de los 10 Centros de Detención de Inmigrantes con los que cuenta el Reino Unido. Con su inglés marcado con un fuerte acento persa, me contó que lleva ya casi 12 años fuera de Irán y que no tenía intenciones de volver pronto. Todo cambió cuando fue sorprendido con un pasaporte falso intentando viajar de Londres a Canadá. Tuvo mala suerte. Un oficial de migración en el aeropuerto de Heathrow notó algo raro en el documento que había usado sin problema hasta ese día.

Después de una media hora de haber iniciado nuestra charla, me confesó que Ahmet no era su nombre real. Es el nombre que decidió ponerse cuando mandó a hacerse su primer pasaporte falso. Con él entró a Alemania y a Holanda, lugares en los que vivió cinco años respectivamente. Con ese mismo documento llegó en el 2007 al Reino Unido. Prefirió no decirme cuál era su nombre real. Si nos volvíamos a ver después, y le generaba suficiente confianza, tal vez lo haría. Antes no.

Tras ser sorprendido, estuvo preso tres meses y tres semanas en la prisión de Portsmouth, una pequeña ciudad porteña al sur de Inglaterra. Después de cumplir su condena, lo trasladaron al Centro de Detención de Inmigrantes de Colnbrook, que queda a unos 5 minutos en autobús de Heathrow e, irónicamente, junto a un hotel de lujo con vista a los aviones que despegan del aeropuerto más concurrido del mundo. La abogada que le asignó el gobierno británico le había asegurado que en máximo un mes lo deportarían a Irán. Ya se había hecho a la idea de que después de 12 años de haber salido de Teherán, volvería a ver a sus padres y a sus dos hermanos. 

Su viaje estaba programado para finales de marzo. La fecha era perfecta para llegar a celebrar el año nuevo persa. Su boleto a Teherán era sólo de ida. Las autoridades estaban tramitando que a su llegada pudiera recibir algo de dinero. Así es como lo indica la Organización Internacional para la Migración (OIM), de la cuál es parte el Reino Unido. En teoría, Irán también es parte de esta organización. Sin embargo, hace poco la oficina de la OIM decidió cerrar su sede en Irán por presiones políticas. Y ahora, los iraníes que desean volver a su país de origen protegiéndose en las leyes internacionales están imposibilitados para hacerlo. El gobierno británico no quiere asumir las responsabilidades de ser acusado de enviar a iranís de vuelta a su país sin cumplir con las reglas internacionales. Así que hasta que encuentre la forma de hacerlo, Ahmet no puede volver a casa.

Los centros detención de inmigrantes

El propósito de los Centros de Detención o Traslado de Inmigrantes es el de albergar a los extranjeros que pronto serán deportados. Los motivos de deportación van desde haberse quedado más de lo que permite una visa, haber entrado ilegalmente al país, haber cometido un crimen siendo extranjero o que la solicitud de asilo político haya sido rechazada. 

Estar en un Centro de Detención o Traslado de Inmigrantes es intimidante. Por los niveles de seguridad que se manejan, es como si se estuviera entrando a una cárcel de máxima seguridad donde asesinos múltiples y violadores están encerrados. En realidad, la mayoría de los detenidos no han cometido mayor delito que intentar burlar a las autoridades migratorias. 

La rutina de revisión siempre es la misma. Una oficial que porta un gafete con un nombre en polaco imposible de pronunciar me pide que le muestre mi pasaporte y un comprobante de domicilio. Después de haber ingresado mis datos personales al sistema, me pide que me pare frente a una pequeña cámara que está colocada junto a la pared. Acto seguido, me dice que coloque mis dedos índice y medio de ambas manos. Mientras, imprime mi gafete y me recuerda que lo debo de portar en todo momento. De lo contrario, me obligarán a abandonar las instalaciones de inmediato. Se sabe de memoria las líneas que tiene que repetir cada vez que llegan visitantes.

Al salir del centro de registro de visitantes, camino unos 3 metros para ingresar al edificio principal. Al cruzar la entrada, aparece una puerta gruesa de metal con una pequeña ventana de cristal. Para que el oficial en turno pueda abrirla, debo de poner mi dedo índice en un detector con una luz roja, como un lector de código de barras, pero en éste caso, de huellas digitales. Sólo después de que el sistema ha identificado la huella digital que registré hace algunos minutos, abre la pesada puerta con un ruido estruendoso. Espero a que se cierre la primera puerta para que se abra otra puerta igual de pesada y escandalosa. 

Después, sigue la revisión personalizada. Se debe aguardar a que un agente de seguridad aparezca para hacer la revisión. Hay unos pequeños sillones azules donde me siento a esperar. En la pared de enfrente está pegada una hoja con una lista de objetos que no se pueden introducir –pasadores, pinzas para cabello y gorros – y una advertencia: los oficiales tienen el derecho de revisar hasta por debajo de la lengua, literalmente. 

Como soy mujer, debo de esperar a que una agente se desocupe. Unos minutos después, aparece una mujer rubia de unos 40 años, vestida con un pantalón negro y una chaqueta azul obscuro. Primero me pide que extienda mis brazos hacia los lados, a la altura de mis hombros. 

Pasa sus manos por todo el cuerpo, debajo de las axilas y entre las piernas. Me dice que debo de levantar un poco mi blusa para que pueda pasar sus manos por los bordes del pantalón a la altura de la cintura. Después me pide que me quite los zapatos, revisa el interior de los zapatos y me pide que le muestre la planta de mis pies. Dependiendo del humor de la mujer que me revisa, a veces debo abrir la boca y pegar la lengua a mi paladar. A veces no. Después, espero a que otro oficial me lleve a la sala de visitas. 

Aparece un hombre alto, de origen africano y de cabello rizados con un juego de llaves que cuelgan de su cinturón. Lo sigo y después de subir unas escaleras, llegamos a la sala en la que los detenidos reciben a sus visitantes. Antes de pasar a la sala, me piden de nuevo poner mi dedo índice en el lector rojo. Suena un timbre al otro lado del mostrador. El agente de seguridad en turno saca sus llaves y me abre la puerta. Por fin me puedo sentar a charlar con Ahmet.

Una larga espera

A lo largo de las visitas que he hecho a Ahmet, me ha ido confesando detalles sobre su vida antes de que llegara al Reino Unido. Una vez me contó que es apasionado del boxeo y que de pequeño soñaba ser boxeador profesional, “como Oscar de la Hoya” y se emociona al saber que soy mitad mexicana. 

Otras veces me cuenta que no salió de Irán por cuestiones económicas. Su familia, de hecho, no necesita de ingresos extras. Su padre se dedica a la inspección de las plataformas petroleras al norte de Irán y su hermana y su esposo tienen dos tiendas de muebles que les han permitido mantenerse bien, aunque con pocos lujos. Dice que él salió de Irán porque no encajaba.

“Soy blanquísimo y me sentía fuera de lugar, así que a los 18 años salí de Irán y me dije que no volvería jamás”.

Sin embargo, admite que cuando le dijeron que lo regresarían a Irán, de pronto le nacieron ganas de volver a ver a su familia y de estar en su país de origen.

Algunas veces se nota más desesperado que otras por el encierro. Confiesa que se siente asfixiado. Las habitaciones tienen ventanas que no se abren y los espacios comunes como los comedores o el gimnasio tienen ventilación artificial.

Su estancia aquí no ha sido fácil. Como él, la mayoría de los internos desconocen cuándo es que van a salir de su encierro que parece durar, casi siempre, más de lo esperado. Aún cuando el gobierno británico asegura que los Centros de Detención de Inmigrantes no son cárceles, sino estancias temporales con facilidades culturales y deportivas, Ahmet recuerda que había menos seguridad en la prisión de Portsmouth y que allá los carceleros eran más amables.

La ansiedad y la incertidumbre han empujado a algunos a tomar medidas desesperadas. En una de mis visitas me cuenta que un día, encontraron a un muchacho marroquí de 19 años tirado en el piso y echando espuma por la boca. Se rumoraba que al borde de la desesperación decidió mezclar crema para cuerpo, crema para afeitar, shampoo y acondicionador e ingirió la mezcla. Llevaba días sin comer, así que el efecto fue peor. Lo tuvieron que llevar de emergencia al hospital. Ya ahí, confesó que se la pasaba deprimido y que tenía pensamientos suicidas. Fue deportado dos días después.

Ahmet no me niega que a él también se le ha pasado por la cabeza hacerse daño físico para ver si así aceleran su proceso. Pero siempre que lo vuelvo a ver, me dice que desistió de hacer algo radical. Algo lo hace permanecer paciente. Me confiesa que le emociona la posibilidad de ver a su madre y a su padre y conocer en persona a su sobrina. 

Al principio contaba los días que había estado encerrado pensando que serían pocos. Cuando se dio cuenta que llevaba ya más de 100, dejó de hacerlo. Prefiere no hacerse demasiadas ilusiones. Desde hace unas semanas, nos despedimos con un abrazo emotivo, pues dice, podría ser la última vez que nos veamos. Sin embargo, cada semana toma las llamadas con ese mismo acento persa y una voz que suena cada vez más cansada.

Con el tiempo me he ganado su confianza y ya conozco su nombre real. No puedo negar que me da gusto verlo, pero secretamente deseo que no me vuelva a contestar el teléfono y que me digan que se fue en el último vuelo a Irán.

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martes, 25 de mayo de 2010

Un día con los indígenas británicos

La siguiente crónica fue escrita como parte del Taller de Periodismo Narrativo impartido por el cronista chileno, Juan Pablo Meneses. El texto fue publicado en la página electrónica de la revista Etiqueta Negra. (http://etiquetanegra.com.pe/blog/periodismoportatil/)


UN DÍA CON LOS INDÍGENAS BRITÁNICOS


Por Hanako Taniguchi Ponciano


Los miembros del Partido Nacional Británico se han adjudicado la misión de defender los derechos de los llamados “indígenas británicos”. Pese al rechazo que han generado en la opinión pública británica y europea, el número de votantes que les dan su apoyo va en aumento.

Para asegurarse de sus orígenes, Simon Darby decidió hacerse una prueba de ADN. Los resultados le confirmaron que podía seguir definiéndose como un “indígena británico”. De acuerdo con los análisis realizados en un laboratorio del Reino Unido, sus antepasados eran vikingos, celtas y anglosajones y en el árbol genealógico de su familia nunca se ha mezclado sangre “no europea”.

Su tez blanca llena de pecas, sus ojos azules y hundidos, sus brazos velludos y su complexión media y de estatura más bien baja, hacen difícil confundir a este hombre de 46 años con un africano, un asiático o un latinoamericano. Sin embargo, para el vicepresidente y vocero del Partido Nacional Británico (BNP por sus siglas en inglés) fue de fundamental importancia contar con evidencia científica que lo respaldara como representante legítimo en la defensa de los intereses de los habitantes originarios de esta isla.

Darby presume ser uno de los pocos defensores de las antiguas tradiciones británicas. Para él y sus compañeros de partido es inaceptable que cada día cierren más pubs y que en su lugar se construyan mezquitas; que en algunas escuelas de Londres, el 70% de los alumnos no hablen el inglés como lengua materna; y que en los hogares se consuman cada vez más platillos de origen oriental.

Al igual que varios miembros del BNP, él es un personaje polémico. La revista inglesa Searchlight publicó en abril del 2009, una fotografía del vocero del BNP haciendo un saludo nazi durante un evento organizado por el partido ultraderechista italiano Forza Nuova.

Sentado en una de las sillas que acomodó para nuestra charla en las oficinas del partido en la Alcaldía de Londres, lo primero que me confiesa es que de unos años para acá, siente miedo al caminar por las calles. Sin importar que en los escritorios que están sólo a unos metros de nosotros se alcanzan a ver secretarias con tez morena y cabellos rizados, e incluso una joven con una pañoleta negra que cubre sus cabellos, se inclina hacia mí y me dice que en las ciudades grandes y llenas de inmigrantes como Londres y Birmingham, la mayoría de las víctimas de los crímenes son de piel blanca.

Pese a que según cifras oficiales, más del 92% de la población en el Reino Unido es de origen anglosajón, Darby asegura que en unos 30 años los blancos serán minoría. Dice que de no tomar acciones para detener la llegada de extranjeros, los indígenas británicos habrán perdido todos sus derechos y beneficios.

De acuerdo con el último censo realizado por el gobierno británico, la minoría étnica más grande es la de los indios, que constituyen el 1.8% de la población. Le siguen los paquistaníes que representan el 1.3% y los británicos mixtos que alcanzan el 1.2%.

Si bien la Oficina Nacional de Estadísticas reportó que 427 mil extranjeros salieron del país en el 2008 - el número más alto de emigrantes en los últimos cinco años - el BNP prefiere ignorar éstos datos.

Sus principales propuestas son: la deportación de los más de 2 millones de inmigrantes ilegales; la expatriación de todos los delincuentes cuyo origen no sea británico (aunque ya hayan nacido aquí y tengan la nacionalidad); el ofrecimiento de subvenciones monetarias para promover que los residentes no - británicos salgan del país definitivamente y rechazar todas las solicitudes de asilo político.

Por los estatutos abiertamente racistas y las cláusulas que imposibilitaban la entrada de no – blancos a las filas del partido, una corte civil sancionó legalmente al BNP en el 2009 y le prohibió registrar a nuevos miembros hasta que no modificara su plataforma.

Darby me dice orgulloso que hay más de 6 mil británicos en espera de ser registrados. De nuevo con una sonrisa, me recuerda que el BNP obtuvo el 6% de los votos en las elecciones locales y europeas del 2009 – 943,598 votos en total-. Dado el creciente apoyo que han recibido en el municipio londinense de Barking y Dagenham, el BNP lanzó a su líder, Nick Griffin, como candidato a representante parlamentario por este distrito electoral en las elecciones generales a celebrarse el 6 de mayo del 2010.

Le propongo acompañar a Richard Barnbrook, concejal del BNP en Barking y Dagenham, durante un día para comprobar yo misma este creciente apoyo.

***

Sábado, 11:00 am, estación de Becontree, Barking y Dagenham, Londres

Esta zona al este de Londres, donde el BNP ha ganado cada vez más votos, no es diferente al resto de los barrios de la ciudad. Las calles principales están llenas de tiendas de comida rápida que venden pescado empanizado y patatas fritas, kebabs y hamburguesas, alguna que otra panadería y tiendas de indios o paquistaníes que venden cervezas, vinos y comida enlatada. Un sábado a las 11 de la mañana como hoy, uno se cruza con mujeres robustas, de origen africano que caminan con bolsas del supermercado en una mano, mientras tiran la mano de sus hijos con la otra; con hombres delgados y vestidos de blanco, que andan silenciosos, casi tímidos, con un gorro pequeño en la cabeza y que cargan el Corán y con adolescentes que pese al frío salen sólo vestidos con una camiseta sobre unos pantalones de mezclilla que les quedan tan grandes que van arrastrándolos por el suelo. Entre ellos hay también algunos obreros de tez blanca, vestidos con pantalones obscuros llenos de polvo y manchas de pintura, pero es imposible saber a primera vista si son polacos o ingleses.

Unos 30 minutos después de las 11:00, Richard Barnbrook desciende de un Toyota color plateado tras besar en los labios a una mujer de unos 40 años, de cabellera rubia y larga y de cara pálida. Barnbrook, de 49 años, es un hombre alto y rubio con un corte de cabello estilo militar, que se peina con gel como formando picos hacia arriba. Pese a que ayer nevó todo el día y que las aceras están cubiertas todavía de nieve y hielo, sólo viste un traje sastre beige que adorna con un pin con el escudo del municipio y una corbata dorada. Sus manos rojas y resecas no llevan guantes.

Me acerco a saludarlo, y los tres hombres que estaban también esperando su llegada se me quedan mirando fijamente. Lucen confundidos hasta que Barnbrook les explica que los acompañaré en su jornada sabatina de repartición de volantes por las calles del barrio de Creekmouth.

Bob Bailey - un hombre de unos 50 años, de espalda ancha, de ojos cafés claros y vestido con una chaqueta roja y un gorro negro - que también es concejal de éste municipio, en lugar de saludarme cruza los brazos y comienza a interrogarme sobre mis orígenes y mi estatus migratorio en Londres.

-¿Por qué tienes un nombre japonés y nos dices que eres mexicana?

-Mi padre es japonés y mi madre es mexicana. Yo nací en México.

-Y, ¿qué haces en Londres? ¿Has venido únicamente a investigar sobre el BNP o vives aquí?

-Vivo en Londres desde hace tres años.

-¿Trabajas?

-Sí, trabajo.

-¿Legalmente? Es decir, ¿tienes permiso de trabajo?

-Claro. La empresa en la que trabajo me lo tramitó.

El interrogatorio que todos escuchan con atención es interrumpido por la llegada de un Mondeo azul que se detiene frente a la estación. De él, baja otro hombre blanco, con cabello muy corto y canoso y saluda a todos de mano. Bailey le explica que yo me iré en el auto con ellos. El conductor lo mira desconcertado, pero me abre la puerta trasera de lado derecho.

Como no cabemos los seis, Barnbrook camina hasta su casa, que está a unas cuadras de la estación. Nosotros lo seguimos en el auto. En el trayecto, las preguntas sobre mi estancia en este país son sustituidas por explicaciones sobre la ideología del BNP. Matthew - un hombre robusto, de 32 años, de cabello castaño, y por supuesto de tez blanca, que está sentado junto al conductor - me trata de explicar que en realidad no son tan racistas como los medios se han encargado de señalar.

-Por ejemplo, yo tengo una novia peruana.

-¿Y ella sabe que vienes a repartir volantes del BNP todos los sábados?

-Claro. Nuestras demandas y políticas no son diferentes a las de los descendientes de los Incas en Perú. Ella entiende que los indígenas deben proteger sus intereses porque son los habitantes originarios y los inmigrantes no tienen ningún derecho a acabar con nuestras tradiciones.

La conversación se detiene cuando el auto se estaciona frente a la casa de Barnbrook. El concejal que antes de ingresar al BNP fue miembro activo del Partido Laborista por más de cinco años, tiene dos grandes banderas colgadas al lado de la entrada de su casa: la de Gran Bretaña y la de Inglaterra. Además, junto a las ventanas del segundo piso, está pegada una manta de 2 x 2 metros con el logo del BNP.

Barnbrook se acerca al auto, y tras revisar el mapa, subraya las calles que se cubrirán hoy. El conductor, Robert, abre la cajuela del auto y saca bolsas de plástico que reparte a los presentes, seguidas de folletos que introducen en las bolsas antes de iniciar el recorrido a pie. Los folletos tienen impresas fotos de los concejales del BNP en la zona –el partido obtuvo 12 de los 15 puestos disponibles en las elecciones locales del 2004 – y las acciones que hasta ahora han implementado. En la contraportada del folleto de cuatro páginas, hay una caricatura de la representante parlamentaria del Partido Laborista, Margaret Hodge, que la muestra entregando llaves de casas a musulmanes y africanos. La caricatura la titulan: “La realidad detrás de los problemas de vivienda en Barking y Dagenham”.

***

Sobre las principales calles de Creekmouth, se asoman edificios de interés social que son grandes y viejos, y cuyas paredes están pintadas de azul, rojo o verde obscuro. Tienen también unas cuatro o cinco filas de pequeñas ventanas empañadas por la mugre y el calor dentro de los departamentos, y se alcanzan a ver adornos navideños. Aunque en la pared junto a las entradas hay paneles con números para introducir los códigos de seguridad, las puertas están abiertas. Las teclas están llenas de polvo como si hace mucho ya nadie las utilizara.

Yo sigo a Barnbrook que se desvía hacia una calle que da a una zona con casas del mismo color y con exactamente la misma fachada. Barnbrook abre las pequeñas puertas de metal que dividen a la acera del jardín y comienza a introducir los volantes por los orificios para el correo que hay en las entradas.

Cuando va por la quinta casa, un hombre de unos sesenta años, robusto, alto, blanco y con lentes gruesos, le reclama molesto que ha olvidado cerrar la puerta de metal. Cuando Barnbrook voltea, el hombre se da cuenta de que es un folleto del BNP, se disculpa y le levanta el dedo gordo de la mano derecha para mostrarle su apoyo. Barnbrook sonríe con satisfacción y continúa con su trayecto. Me mira de reojo para comprobar que fui testigo de lo sucedido.

Amas de casa que le gritan desde lejos a Barnbrook para que vuelva y se tome un té con ellas, y hombres acompañados de su esposa e hijos que lo ven repartiendo desde sus autos y le tocan el claxon para saludarlo, son algunas otras escenas que ocurren mientras caminamos. Aunque siempre los que lo saludan y lo felicitan son británicos blancos, los africanos u orientales que ven los folletos no salen a reclamar nada.

Después de tres horas y más de 500 folletos repartidos, los seis nos reunimos frente a un pub cuyas puertas y ventanas están selladas con tablas de madera pintadas de azul turquesa. Son cerca de las 15:30, pero ya comienza a obscurecer y nos frotamos las manos mientras esperamos a que Barnbrook termine de escribir los nombres de las calles recorridas en una libreta.

Nos empezamos a despedir y no puedo evitar pensar que represento muchas de las cosas contra las que ellos están luchando.

2010 podría ser un año clave para el BNP. Si las tendencias se mantienen como hasta ahora – con cada vez más votantes y más miembros - tal vez logren tener al primer representante “indígena” en el Parlamento. Aunque, a diferencia de lo que esto implicaría en países latinoamericanos, su presencia será poco celebrada dentro y fuera del Reino Unido. 



NOTA:
Este texto fue escrito antes de la celebración de las elecciones generales en el Reino Unido. Contrario a lo pronosticado, los resultados electorales en el municipio de Barking y Dagneham fueron desfavorables para el candidato del BNP, Nick Griffin. El partido perdió también más de 12 asientos en el consejo local que dominaban desde el 2004.

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jueves, 13 de mayo de 2010

Las alianzas y el nuevo gobierno británico

Cinco días después de haberse celebrado las elecciones generales en el Reino Unido, finalmente se oficializó la alianza entre el Partido Conservador y el Partido Liberal Demócrata. Fueron cinco días llenos de incertidumbre en los que los liberales demócratas parecían estarse moviendo como un péndulo entre los tories y los laboristas. Sin embargo, el martes por la noche Gordon Brown renunció a su puesto de Primer Ministro y fue a despedirse de la reina. Acto seguido, David Cameron, líder de los conservadores, se presentó ante la monarca y le pidió su venia para convertirse en el nuevo Primer Ministro.

Pese a los esfuerzos de Gordon Brown por intentar una alianza con los liberales demócratas, parece ser que las negociaciones nunca se concretaron. Cuando el lunes por la noche, Brown anunció por primera vez la posibilidad de dimitir a su puesto, explicó que lo haría con el fin de promover que las negociaciones entre los laboristas y liberales demócratas avanzaran sin obstáculos. Estas declaraciones generaron especulaciones en los medios de comunicación y alguna que otra declaración de descontento por parte de los conservadores que sospechaban que el líder de los liberales demócratas, Nick Clegg, y su equipo estaban negociando secretamente con Brown. Todo parece indicar que tan sólo fue una estratagema del ex Primer Ministro para que los liberales demócratas consideraran seriamente la posibilidad de unirse con los laboristas, asunto que no sucedió.

Contrario a lo que buscaba obtener, con sus declaraciones desesperadas Brown ayudó a que los liberales demócratas consiguieran ofertas mucho más jugosas de los conservadores. Al verse ante la posibilidad de perder una alianza que les daría la mayoría absoluta, los tories ofrecieron a los correligionarios de Clegg la celebración de un referéndum sobre el sistema  electoral británico; desistieron en su propuesta de disminuir los impuestos a las herencias y les ofrecieron ocupar puestos en el gabinete. Sería un gobierno de coalición completo.

La del martes fue una larga noche para los liberales demócratas. Tras haber recibido ya las ofertas formales por parte de los conservadores, convocaron a sus futuros miembros del parlamento (MP) y figuras claves del partido para poner a votación la alianza. Por reglas internas del partido, un líder debe contar con el apoyo de la mayoría de los MPs al momento de tomar decisiones cruciales para los liberales demócratas. Así que Clegg y su equipo de negociadores se dieron a la tarea de informar bajo qué términos se daría este gobierno de coalición en el que Clegg sería nombrado Vice Primer Misnitro. De acuerdo con columnistas políticos, la reunión se extendió hasta la 1 de la madrugada del miércoles pero no hubo mayor problema para que la alianza fuera autorizada.

Antes enemigos, ahora, ¿amigos?

El miércoles por la mañana, circulaban ya fotos de David Cameron y Nick Clegg parados frente al número 10 de Downing Street. Los dos aparecían sonrientes y su lenguaje corporal mostraba seguridad y comodidad.

Cuando a las 14:20 dio inicio la primera conferencia de prensa conjunta de los flamantes Primer  Ministro y Vice Primer Ministro, habían muchas especulaciones sobre cómo sería la relación de poder entre los dos. Resultó ser que al ser de la misma edad – Clegg es tan sólo tres meses mayor que Cameron – y provenir de familias acomodadas, los dos personajes tienen aires muy parecidos. Fuentes cercanas a los dos líderes habían señalado que desde antes la relación entre los dos había sido cordial, hecho que se vio reflejado en la conferencia de prensa. Los líderes se mostraron relajados y hasta hubo espacio para las bromas.

Los twitteros políticos comenzaron a lanzar comentarios como: ¿qué es esto, una pareja de comediantes?

Los integrantes de éste gobierno de coalición están tan seguros de que su alianza será duradera que, dentro de las medidas a implementar, está la de mantener el mismo parlamento por lo menos por los próximos cinco años. Para poder disolverlo antes de ese tiempo, el 55% de los MPs deberán respaldar la decisión.

Si bien no se descartan fricciones entre las dos fracciones de éste nuevo gobierno, todo parece indicar que por el momento las cosas se han solucionado de manera conveniente para ambos lados.

Aún cuando lo puestos clave de nuevo gabinete fueron asignados a los conservadores más cercanos a Cameron, los liberales demócratas lograron obtener puestos con importancia considerable. He aquí la lista del nuevo gabinete.

Primer Ministro: David Cameron (Líder del Partido Conservador)

Vice Primer Ministro: Nick Clegg (Líder del Partido Liberal Demócrata)

Ministro de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth: Willian Hague (Conservador)

Ministro del Exchequer: George Osborne (Conservador)

Ministro del Tesoro: David Laws (Liberal demócrata)

Ministro de Empresas: Vince Cable (LD)

Ministro de Energía y Cambio Climático: Chris Huhne (LD)

Ministro para Escocia: Danny Alexander (LD)

Ministro de Defensa: Liam Fox (Conservador)

Ministra del Interior: Theresa May (Conservadora)

Ministro de Sanidad: Andrew Lansley (Conservador)

Ministro de Justicia: Ken Clarke (Conservador)

Ministro de Comunidades: Eric Pickles (Conservador)

Ministro de Trabajo y Pensiones: Ian Duncan Smith (Conservador)

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lunes, 10 de mayo de 2010

Las negociaciones políticas en el Reino Unido

Desde el pasado viernes, no ha habido fuerza humana que me despegue de la televisión, del internet y de los periódicos. 

Gracias a las redes sociales como twitter, a los blogs políticos de los periódicos más importantes del Reino Unido y a las transmisiones continuas de la BBC y Sky News sobre las negociaciones con miras al establecimiento del próximo gobierno británico, muchos hemos podido seguir de cerca lo que es sin duda uno de los momentos históricos más importantes para éste país. 

Desde 1974 no se había dado una situación en la que ningún partido lograra mayoría en el Parlamento. En ese entonces, el Partido Conservador no logró convencer a los liberales para que formaran una coalición y con tan sólo cuatro asientos más que los laboristas, los conservadores tuvieron que gobernar con la llamada figura del "parlamento en minoría".

Aún es pronto para saber hacia donde se inclinará la balanza. O en éste caso, qué decidirán hacer los copartidarios de Nick Clegg. Hasta hace unas horas todo parecía indicar que la alianza tories - liberales demócratas se concretaría pronto. 

Sin embargo, hace unos minutos, el aún Primer Ministro, Gordon Brown salió a declarar que estaba dispuesto a renunciar a su puesto, con tal de que las negociaciones con los liberales demócratas avanzaran hacia la constitución de lo que llamó "una alianza progresiva".

Aún cuando varios miembros del Partido Liberal Demócrata han dicho sentirse ideológicamente más cercanos a los laboristas, Clegg declaró que apoyaría al partido con la mayor cantidad de votos y la mayor cantidad de asientos. Fue por eso que las negociaciones iniciaron con un acercamiento entre Cameron y Clegg. 

Todo parecería indicar que la oferta de los conservadores no fue lo suficientemente buena y los liberales demócratas han decidido voltear hacia los laboristas. 

Sin duda, la decisión que Clegg y sus correligionario tienen en sus manos no es la más sencilla. De hecho, es complicadísima. Sin embargo, el tiempo apremia. Si los líderes no logran llegar pronto a un acuerdo, los mercados podrían comenzar a anticipar un escenario de inestabilidad política y ésto acabaría debilitando aún más a la libra esterlina.

Como decían algunos columnistas: ésta bien podría ser una situación de ensueño para los liberales demócratas, pero parece más bien una pesadilla. 

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domingo, 2 de mayo de 2010

Nick Clegg: el hombre que sacudió a la política británica

Hasta el pasado 15 de abril, Nick Clegg era un político más bien desconocido. Aunque desde diciembre del 2007 es líder del Partido Liberal Demócrata, sus declaraciones nunca se llevaban la nota de ocho columnas. Era casi imposible encontrar una foto de él en la primera plana de un diario de circulación nacional. Todo cambió a partir de las 20:30 horas del 15 de abril. Desde ese momento, Nick Clegg se convirtió en un político que muchos comenzaron a asociar con la posibilidad de cambiar las viejas prácticas políticas en el Reino Unido. Algunos incluso lo llegaron a apodar “el Obama británico”.

En realidad, ni él ni sus copartidarios se imaginaban que las cosas darían un giro tan espectacular. Dentro y fuera del Partido Liberal Demócrata, Vince Cable - el antecesor de Clegg- era mucho más popular y respetado que el líder actual. Cuando Clegg defendía la posición de los liberales demócratas en el Parlamento, los conservadores y los laboristas sonreían con una mezcla de burla y lástima; los enlaces en vivo de la BBC o Sky News volteaban la cámara a sus presentadores para que comentaran las propuestas de los dos grandes partidos.

Ese jueves por la noche, cuando bajó del escenario instalado al interior de los estudios televisivos de ITV en Manchester, estrechó la mano de David Cameron, líder de los conservadores, y la de Gordon Brown, líder de los laboristas y actual Primer Ministro. Clegg recuerda lo nervioso que seguía cuando comenzó a saludar los espectadores sentados en la primera fila. La llamada de Miriam, su esposa de origen español – y que no había podido volver al Reino Unido por las cenizas del volcán que había hecho erupción en Islandia - fue lo que le hizo caer en la cuenta de que había salido de las sombras.

“Estuviste espectacular”, le dijo. Los resultados de las encuestas confirmaron las palabras de Miriam.

Sondeos realizados por firmas como Ipsos Mori, ICM, ComRes y los principales medios de comunicación británicos, lo colocaron como el ganador del primer debate político televisado en la historia del Reino Unido.

Al día siguiente, las cosas habían cambiado completamente. Las solicitudes de acreditación de periodistas que deseaban viajar en el autobús de campaña amarillo incrementaron significativamente y el teléfono de su coordinador de campaña no dejaba de sonar. De pronto los autos que pasaban justo al autobús tocaban el claxon en señal de apoyo. Clegg había pasado, literalmente de la noche a la mañana, de ser un desconocido a ser casi un héroe nacional.

No sólo los diarios comenzaron a publicar en primera plana sus declaraciones y fotos estrechando la mano de la gente frente a supermercados, sino que los periódicos de corte derechista comenzaron a atacarlo sin compasión.

Diarios como el Daily Telegraph, Daily Mail y The Sun, que declararon abiertamente su apoyo a líder de los tories, buscaron por todos lados y descubrieron que había trabajado en Bruselas para una empresa de cabildeo político que representa intereses de firmas con “una mala imagen pública”. Además descubrieron que Clegg había eliminado deliberadamente su paso por ésta empresa de su curriculum publicado en el portal del Partido Liberal Demócrata.

También encontraron que donaciones para su partido fueron transferidas a su cuenta personal. Pero no pudieron con la “Cleggmanía”. Así que acudieron a golpes más bajos y desesperados como acusarlo de nazi y calificarlo como “poco británico”, por ser hijo de una holandesa y un británico de origen ruso.

Los ataques no lo debilitaron ni un poco. Al contrario, lo fortalecieron ante la parte del electorado británico que dice estar cansada de los políticos. Clegg y su partido se posicionaron como un grupo de gente distinta, que no se vio involucrada en el escándalo de los gastos parlamentarios del año pasado (aunque algunos liberales demócratas también arreglaron sus jardines con cargo al erario público).

Haber sido desconocidos por tanto tiempo, haber sido el tercer partido que nadie tomaba muy en serio, se había vuelto algo afortunado y positivo. Y lograron cambiar el curso de las campañas para siempre.

Un político muy europeo
Aunque haya sido comparado con Barak Obama, Nick Clegg dista de ser tan carismático como el actual Presidente de Estados Unidos. Como aseguraban varios columnistas, Clegg es de esos británicos “normales” con los que uno se pude cruzar por la calle sin prestarle mucha atención.

La comparación no viene por que la personalidad de Clegg y Obama sean similares, sino porque los dos fueron el factor sorpresa en una contienda cuyos resultados parecían estar previamente determinados. En el caso de Obama, el momento clave se dio en enero del 2008, cuando ganó inesperadamente el caucus de Iowa. En el caso de Clegg, fue el 15 de abril del 2010, cuando desbancó a David Cameron como el ganador del primer debate.

Hijo de madre holandesa y padre mitad británico, mitad ruso, el líder de los liberales demócratas podría bien ser uno de los políticos más pro europeos del Reino Unido. Tras haber estudiado Antropología Social en la Universidad de Cambridge, estudió Filosofía Política en la Universidad de Minnesota y después un máster en Asuntos Europeos en el Colegio Europeo de Bélgica.

Fue periodista financiero en Nueva York, en Londres y en Budapest y trabajó cinco años en la oficina del entonces vicepresidente de la Comisión Europea, Leon Brittan. Habla cinco idiomas con fluidez: inglés, español, holandés, francés y alemán.

Algunos críticos de Clegg señalan que al ser tan pro europeo, podría comenzar a impulsar políticas que históricamente han sido un tabú en el Reino Unido. Entre ellas, la adopción del euro como la moneda británica.

Pero el aproximadamente 30% de los electores que han mostrado su apoyo al líder de los liberales demócratas no parecen estar tan preocupados ni por el origen de Clegg ni por sus políticas pro europeístas. Mientras cumpla con acabar con el duopolio laborista – conservador, seguirán dándole su apoyo. Y así lo muestran las más recientes encuestas.

Aún cuando el ganador del tercer y último debate televisivo fue David Cameron, el porcentaje de apoyo a Clegg quedó casi intacto.

Hoy, a tres días de que se lleven a cabo los comicios, los resultados son más inciertos que nunca. Los liberales demócratas se lograron posicionar tan bien en el imaginario de los votantes que los laboristas ahora ocupan el tercer lugar en las preferencias y los conservadores se disputan el primer puesto con el partido al que nunca tomaron en serio.

Sólo resta ver si la “Cleggmanía” se traducirá en votos el próximo 6 de mayo. 

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viernes, 30 de abril de 2010

Farewell, Mr. Brown... Hello, Mr. Clegg

Unas horas antes del tercer y último debate entre los líderes de los principales partidos políticos del Reino Unido, las redes sociales como Facebook lanzaban encuestas como: "¿Qué regalo de despedida le darías a Gordon Brown"? Al menos de que algo extraordinario pasara, el debate que se llevaría a cabo en Brimingham sería la despedida del actual Primer Ministro. Y todo apunta a que así fue. 

De acuerdo con los resultados más recientes de las casas encuestadoras, el Partido Laborista sigue en el tercer sitio, detrás de los conservadores y los liberales demócratas. Si bien los porcentajes de preferencia apuntan a que en el próximo Parlamento ningún partido tendrá mayoría absoluta, las posibilidades de que los laboristas conserven el número de curules necesarios para elegir al próximo Primer Ministro son cada vez menores.

Ya que todo parece indicar que se establecerá un Parlamento en el que ningún partido tendrá la mayoría absoluta, los acuerdo se lograrían únicamente mediante alianzas. Los políticos británicos tendrán que comenzar a aplicar sus mejores técnicas de negociación para poder implementar las medidas anunciadas durante las campañas.

Partidos como el Liberal Demócrata pasarán de ser un partido sin posibilidad de influir en la toma de decisiones, a ser un partido clave al que tendrán que acudir los conservadores y los laboristas para formar alianzas y gobernar.

Nick Clegg, líder del Partido Liberal Demócrata podría ser, a partir del 7 de mayo, uno de los hombres más poderosos del Reino Unido.

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martes, 20 de abril de 2010

Nothing is decided, yet...



El pasado jueves 15 de abril, el Reino Unido vivió un momento histórico. Por primera vez, los candidatos de los tres partidos más grandes que contenderán en las elecciones generales a celebrarse el próximo 6 de mayo, participaron en un debate que fue televisado por la cadena privada ITV.

Ese día, los periódicos publicaron planas enteras explicando a sus lectores las reglas del debate y qué se esperaba de cada uno de los candidatos. Las grandes casas de apuestas invitaban a los británicos a apostar por el posible ganador del evento.

Por la personalidad de cada uno de los candidatos, todo apuntaba a que el ganador sería David Cameron, líder del Partido Conservador. Aún cuando sus asesores han luchado por cambiar la imagen de "niño rico" que le ha impedido ganar popularidad entre los británicos de bajos ingresos, su carisma, su juventud y sus críticas contra las políticas laboristas le habían ayudado a mantener una ligera ventaja ante Gordon Brown, el líder de los laboristas.

Si bien Brown estaba sólo unos cuantos puntos debajo de Cameron, el carácter más bien hosco y malhumorado del Primer Ministro y su imagen de hombre serio hacían que las apuestas con respecto al resultado del debate se inclinaran hacia su contrincante Tory.

Nick Clegg, por su parte, era un candidato prácticamente desconocido. La encomienda del líder del Partido Liberal Demócrata era la de salir del anonimato.

Dadas las circunstancias, se esperaba que el debate se centrara en el enfrentamiento entre Cameron y Brown.

Sin embargo - y para sorpresa de muchos- el ganador del debate fue el hasta ese entonces desconocido Nick Clegg.

Clegg supo aprovechar bien la mala imagen que generó el escándalo relacionado con los gastos excesivos e injustificados en los que incurrieron varios Miembros del Parlamento el año pasado. La posibilidad de contar con un gobierno que acabaría con los viejos vicios fue bien recibida por la población.

Además, mientras cuestionaba los resultados de las políticas implementadas en las últimas dos décadas por los dos grandes partidos, se notaba tranquilo y seguro ante las cámaras.

De acuerdo con encuestas realizadas por los principales medios de comunicación al final del debate, el 52% de los británicos que presenciaron el evento declararon que el ganador había sido Clegg. El 25% le dio su apoyo a Cameron y el 18% a Brown.

Más de cinco días después, el apoyo al Partido Liberal Demócrata se ha mantenido a la alza. De acuerdo con la encuesta realizada por The Guardian/ICM esta semana, ante la pregunta: “¿Quién cree que llevaría al Reino Unido en la dirección correcta?”, el 30% respondió que David Cameron, el 26% que Nick Clegg y el 26% que Gordon Brown.

Si se toma en cuenta que la semana anterior los porcentajes eran: 42% David Cameron, 29% Gordon Brown y 12% Nick Clegg, el escenario ha cambiado dramáticamente.

Algunos columnistas políticos incluso han comenzado a comparar al líder de los liberales demócratas con Barak Obama, actual Presidente de Estados Unidos, por el inesperado salto que ha logrado en las preferencias de los electores.

El próximo jueves se llevará a cabo el segundo debate, el cuál se centrará principalmente en temas relacionados con la política internacional del Reino Unido. Las expectativas son ahora mayores y la pregunta es: ¿Podrá Clegg mantener el creciente apoyo que logró tras su participación en el primer debate?

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